miércoles, 12 de abril de 2017

Carta al Club Concepción

Lima, 13 de marzo de 2017.


Señor
Tito Chuquillanqui Verástegui
Presidente del Club Provincial Concepción
Ciudad.

Motiva esta carta una invitación del Club Provincial Concepción para rendir homenaje a las ínclitas HEROÍNAS TOLEDO con un almuerzo bailable, que habríase realizado el día 05 de marzo.

Nos llama la atención, Sr. Presidente, que tratándose precisamente de las heroínas Toledo no se guarde un mínimo de protocolo, lo que supone que antes de todo debe haber una ceremonia con todo el rigor del culto a nuestros Héroes y Símbolos Patrios, iniciándose con la entonación del Himno Nacional del Perú, las palabras de orden a cargo de una persona versada previamente designada y otros actos que honren la memoria de tan insignes patricias.

La acción de las Toledo, Sr. Presidente, no es cualquier cosa. Se imagina usted el valor de estas damas de enfrentarse al ejército de Jerónimo Valdés y derrotarlo impidiendo el paso por el puente de la Balsa hasta el día siguiente en que pudieron hacerlo por un vado y por el puente difícilmente reparado. Conmemorar este extraordinario acto heroico con un almuerzo nos parece una burla, y mucho menos aceptable cuando viene del Club Provincial Concepción, entidad que, entre otros, tiene fines culturales y patrióticos. El almuerzo, el baile y todo lo demás, está bien pero después de la ceremonia central que evoque tan mago acontecimiento.

El Club Provincial Concepción está llamado a enaltecer el nombre de ese “PUEBLO HEROICO”, admirado en los círculos patrióticos e intelectuales de la Capital por dos hechos principales: la acción de las Toledo y la del 9 y 10 de julio de 1882, cuando se realizó el combate más importante de toda la guerra de 1879, que no dejó con vida a ningún chileno invasor acuartelado en Concepción.

Esta obligación moral de la institución se venía cumpliendo ciertamente hasta inicios del presente siglo. Creemos que esta situación no debe continuar; en consecuencia, en calidad de past presidentes, SOLICITAMOS que convoque inmediatamente a una asamblea general para elegir el comité electoral para renovar el consejo directivo o, en su defecto, renuncie a su cargo, porque ya es tiempo de que los hijos de la heroica provincia de Concepción, residentes en Lima, decidan los destinos del Club Provincial Concepción.

Atentamente.

Leg. Tomás Iparraguirre Chávez                         Leg. Lope Yupanqui Callegari

Sucedió en Lambayeque en 1578

Esto sucedió en Lambayeque en 1578

(Extraído de un artículo de la historiadora María Rostworowski de Diez Canseco, 
publicado en El Dominical del diario “El Comercio” de Lima, el 8 de febrero de 1998).
El 24 de febrero de 1578 cayó una fuerte lluvia que duró toda la noche, según relatos de la época, parecía que se derramaban cántaros de agua sobre la ciudad. Los días siguientes las precipitaciones fueron interminables. El 3 de marzo, un diluvio inundó la región y así continuó hasta el 6 de abril.
El resultado fue desastroso, los ríos y canales principales se salieron de su cauce anegando los valles. Las acequias se quebraron por el caudal de agua arrastrado y un brazo del río entró por en medio de la ciudad. Las casas de adobe se derretían ante el aniego, la catedral de Lambayeque, que en ese entonces lucía “mejor que la de Lima”, se vino abajo. Lo mismo sucedió con las casas del párroco, del cacique y las principales residencias de los españoles.
La aterrada población buscó refugio en los cerros y en las huacas. Se improvisaron toldos y ramadas en los lugares altos, pero las lluvias calaban los precarios techos. Mucha gente se ahogó, otros murieron a consecuencia de las epidemias que se desataron, afectando sobre todo a niños y ancianos.
En el agro las consecuencias fueron devastadoras. Las reservas de granos guardadas en botijas se pudrieron e igual suerte corrió el maíz conservado en hondonadas especiales, construidas por los naturales en lugares desérticos, el agua llegaba a todas partes.
Las gallinas, patos y cuyes perecieron en los aniegos, las llamas que por entonces existían aun en la costa, no pudieron escapar. Las tierras de cultivo se cubrieron de arena y piedras.
Pasadas las lluvias y ante la situación, el corregidor Joan de Monroy obligó a los curacas, bajo la amenaza de deportarlos a Panamá o de ahorcarlos, a reunir a sus gentes para rehabilitar el canal de Taimi. De los pueblos de Ferreñafe, Chiclayo, Jayanca y Reque acudieron los tributarios y en trabajos forzados no sólo arreglaron el Taimi, sino los canales secundarios. A diferencia de las obras públicas realizadas en época prehispánica, no proporcionaron a los trabajadores alimentos durante el tiempo que duraba la obra comunal. Faltos de subsistencias, muchos murieron de hambre y otros huyeron del valle.
No terminaron ahí las penurias, en los nuevos sembríos aparecieron langostas que, cual plaga, devoraban las tiernas plantaciones. Luego ejércitos de ratones invadieron los campos y aldeas dando fin a lo poco que quedaba. Los voraces animalitos comían los capullos de los algodonales y hasta roían la corteza de los algarrobos. Por último, según el documento, gusanos verdes, amarillos y negros se criaban en la podredumbre general.
En esas circunstancias los naturales no tenían con qué pagar los pesados tributos. Las autoridades apresaron a los caciques, les pusieron grillos o los echaron al cepo y los tuvieron encarcelados. Los jefes étnicos se vieron obligados a vender las joyas de sus mujeres, sus adornos y objetos de plata y a desenterrar los tesoros de sus mayores para hacer frente a la codicia de los encomenderos.
Numerosos pobladores ante la penosa situación optaron por abandonar sus aldeas y se refugiaron en la sierra con sus familias. Los que quedaron en los valles morían de hambre y se alimentaban de lagartijas, hierbas, tomates silvestres, vainas de algarrobos y de los frutos de zapote.

Damnificados, antes y ahora

DAMNIFICADOS REHABILITABAN LOS DAÑOS A LA MALA

Este relato histórico real nos da una enseñanza extraordinaria acerca del grado de explotación en que se vivía en la colonia. Luego de aquel temporal, el corregidor español Joan de Monroy obligó a los curacas bajo amenaza de deportarlos a Panamá o de ahorcarlos, a que sus gentes, o sea los naturales o indígenas, como si ellos fueran los culpables, rehabiliten los daños causados por las lluvias, quienes en trabajos forzados y sin ninguna atención arreglaron los canales y demás daños causados por la naturaleza. Sin alimentos y faltos de subsistencias muchos de los damnificados murieron de hambre y otros huyeron del valle. En esa situación los naturales no pudieron pagar los tributos, entonces las autoridades españolas apresaron a los curacas, les pusieron grillos o los echaron al cepo y los tuvieron encarcelados hasta que tuvieron que vender sus pertenencias, alhajas y tesoros de sus antepasados para hacer frente a la codicia de los encomenderos españoles. Muchos huyeron a la sierra con sus familias, los que quedaron morían de hambre y se alimentaban de lagartijas y yerbas silvestres. 
AHORA, en cambio, tenemos un gobierno que se preocupa por los damnificados. El Presidente y los ministros están pendientes de las necesidades en los lugares más críticos, estamos viendo la solidaridad del pueblo peruano que presuroso acude a socorrer a sus hermanos en desgracia, vemos también la ayuda de los países vecinos que se suman a mitigar el dolor y escaseces de un país no preparado para enfrentar esta primera prueba del cambio climático o calentamiento global.

jueves, 9 de marzo de 2017

En el Día de la Mujer

CAMPEONA SUDAMERICANA EN LOS 3000 METROS PLANOS
El Club Departamental Junín saluda y felicita a JULIE MARILÚ SALAZAR MUSAYON, natural del departamento de Junín, que ayer fue condecorada por el Gobierno por ser un ejemplo de vida, en el Día Internacional de la Mujer.
Julie Marilú es también campeona nacional en las pruebas de 1500, 500 y 1000 metros planos. Subcampeona panamericana en 5000 metros planos. Campeona 5 veces de la Maratón de los Andes. Participó en las Olimpiadas de Atlanta en 1996, entre otros méritos.

Homenaje a las Toledo

EL CLUB PROVINCIAL CONCEPCIÓN Y LAS HEROÍNAS TOLEDO
Cuando se fundó esta institución el 3 de marzo de 1983 hubo el acuerdo expreso de rendir homenaje a las Heroínas Toledo todos los años en la celebración del aniversario, esto suponía que debía hacerse una ceremonia con todo el rigor del culto a nuestros Héroes y Símbolos Patrios, iniciándose con la entonación del Himno Nacional del Perú, las palabras de orden a cargo de una persona versada previamente designada y otros actos que honren la memoria de tan insignes Heroínas, lo cual se ha venido cumpliendo hasta comienzos del presente siglo. Este buen proceder, probablemente, ha servido de ejemplo para que el Club Departamental Junín al fundarse optara por conmemorar todos los años en su aniversario la épica jornada de Sierralumi.
Estas y otras ideas intercambiamos con el Dr. Tomás Iparraguirre, también past Presidente del Club Provincial Concepción, y anhelamos, como anhela todo concpecionino, que el Club Concepción retome sus cauces estatutarios y vuelva a ser útil a los propósitos culturales y patrióticos para los cuales fue diseñado. Acciones como la de las Toledo y las del 9 de julio, es lo menos que pueden esperar de sus hijos.

jueves, 2 de marzo de 2017

El 3 de Marzo de 1821 en Concepción

Los sucesos del 3 de Marzo de 1821 en Concepción

(Después del sorpresivo ataque de aquella madrugada 
los realistas se entregaron a cometer la más despiadada masacre de 
la población, saqueo e incendio de la localidad).

El Dr. Germán Leguía y Martínez, en su libro HISTORIA DE LA EMANCIPACIÓN DEL PERÚ: EL PROTECTORADO, dice lo siguiente:

“Salió, pues, de Asnapuquio el brigadier realista (Mariano Ricafort)… más o menos  a mediados de febrero de 1821. A fines de ese mes, tras una marcha penosa, llena de dificultades, debidas a las torrenciales lluvias, a la inundación o encharcamiento de los caminos y a la falta de puentes, todos cortados por los autóctonos Ricafort atravesó la cordillera occidental, en pos de unirse con su amigo y colega Carratalá, que continuaba detenido en el pueblo y puente de Izcuchaca,”

            “Cerca ya de Jauja, impúsose de que sus adversarios habían abandonado la zona de este partido y del de Huancayo, para acantonarse en el cerro, que era a la sazón su cuartel general; y de que, por tanto, el camino hacia la gran mesa encontrábase, no sólo abierto, sino que poco menos que desguarnecido.”

            “No había, en efecto, para estorbarle el paso, más que un destacamento de caballería, instaurado por Aldao en Concepción, ascendente a un centenar escaso de hombres, allí puesto de mera observación, o tal vez para base y núcleo de los indígenas del valle, que, como sus congéneres de Tarma, Jauja y Huancayo, se habían sublevado y estaban completamente decididos por la causa de la independencia.”

            “El 2 de marzo, a prima noche, púsose Ricafort en movimiento hacia el pueblo referido (Concepción), con toda clase de precauciones, a fin de presentarse por sorpresa; medida que, si innecesaria para desbaratar el insignificante número de los patriotas, le economizaría por lo menos el gasto de esfuerzo y sangre exigido por toda resistencia.” 

            “A las tres de la madrugada del 3 de marzo de 1821, cuando el pequeño escuadrón hallábase dormido, y por supuesto descuidado, a causa de no haber señal ni anuncio de próximos enemigos, los realistas entraron por diversos puntos al cuartel en que aquél habíase alojado, y, sin brindar el menor espacio para cualquiera reacción, consumaron, casi de un sólo golpe, el bien planeado y facilísimo triunfo.”

            “Favorecidos por la oscuridad y por el conocimiento que tenían del terreno, pudieron escapar y salvar la vida muchos de los asaltados; pero siempre dejaron en el teatro de su infortunio cuatro muertos, algunos heridos, unos veinte prisioneros, y todos los elementos de guerra de que disponían, un cañoncito, de a cuatro inclusive; trofeos con los cuales, ya sin inquietud ni temor, después de cometer multitud de atropellos, crueldades y vejaciones, así contra las personas como contra las propiedades –hechos que encendieron aún más el odio de los pobladores- continuó el brigadier peninsular su canino a Huancayo y a Izcuchaca; punto, este último, donde se unió con Carratalá.” (Tomo III, p. 589 – 591).

            El mayor Eduardo Mendoza, en su libro LA INDEPENDENCIA, cita al historiador, general Carlos Dellepiane, quien dice: “Ricafort enviado poco después al Centro con ligeros refuerzos para tomar el mando de esa tropa (la de Carratalá), batió el 3 de marzo a un grupo de indios que le hicieron frente en Concepción.” (p. 69).

Mendoza cita también al historiado Rubén Vargas Ugarte, quien afirma que “Una vez depuesto el Virrey Pezuela, el jefe de estado mayor Canterac, dispuso que Ricafort volviera a la sierra donde continuaba la agitación indígena…El 3 de marzo las tropas del primero (Ricafort) habían dispersado en las cercanías de Concepción a una montonera, pero hallándose todo el país alzado, prefirió retirarse a Izcuchaca donde esperaría refuerzos”. (p. 69).

            El doloroso episodio al que nos referimos se encuadra dentro de la escalada represiva del gobierno colonial, en vista de que los pueblos del Perú venían luchando intensamente por su libertad e independencia. El 20 de noviembre de 1820 en Huancayo se había proclamado la independencia del Perú, el 6 de diciembre siguiente la Expedición de Arenales derrotó a las fuerzas realistas en la batalla de Cerro de Pasco. Ante esta situación el ejército depuso al virrey Pezuela y colocó al jefe militar como Virrey. La Serna mandó un destacamento al mando de Ricafort en apoyo de Carratalá, que se encontraba en Izcuchaca. El 29 de diciembre del mismo año Huancayo sufrió un duro golpe en Azapampa, y en la madrugada del 3 de marzo de 1821 el ejército de Ricafort, en su trayecto hacia Izcuchaca sorprendió en Concepción al destacamento de caballería compuesto por cerca de cien hombres, mientras dormían sin presagiar ningún peligro; el destacamento había sido dejado allí por Félix Aldao, con el encargo de observar y hacer propaganda patriota para incentivar la insurgencia. El resultado de este asalto dejó muertos y heridos, seguido del acostumbrado saqueo y destrucción del pueblo, aunque algunos pudieron escapar favorecidos por la oscuridad y el conocimiento del terreno.

Este hecho dejó una huella muy profunda en el corazón del pueblo concepcionino que, desde entonces, el 3 de marzo de cada año, pasó a ser una fecha de conmemoración con unción patriótica. Por mucho tiempo fue relacionado con la acción de las Heroínas Toledo, debido a que no se leyó bien el curso de la historia.

Lima, 3 de marzo de 2017.

Lope Yupanqui Callegari 

miércoles, 1 de marzo de 2017

La emboscada de Sierralumi

El Club Departamental Junín y el Combate de Sierralumi

El Club Departamental Junín celebra el 2 de marzo del presente, 2017, el 10º aniversario de su fundación y, al mismo tiempo, conmemora el 135º aniversario de la emboscada de Sierraluni, acción exitosa que tuvo lugar el 2 de marzo de 1882, en el distrito de Comas, provincia de Concepción, departamento de Junín, durante la Gloriosa Campaña de la Breña, conducida por el entonces General Andrés Avelino Cáceres. El CDJ nació con el propósito, entre otros, de recordar en cada aniversario este importante hecho histórico sin precedentes.

La acción
En febrero de 1882, Estanislao del Canto tenía distribuidas sus fuerzas en el valle del Mantaro, con destacamentos en Jauja, Concepción y Huancayo; y mientras el general Cáceres se encontraba en Ayacucho preparando al Ejército del Centro, los chilenos descargaban su furia sobre los indefensos pueblos del centro del país, mediante la imposición de onerosos cupos, el robo de ganado vacuno, lanar, caballar y otros productos, puesto que vivían de la rapiña, cometiendo toda clase de crímenes y violaciones. Las haciendas eran visitadas frecuentemente para ser saqueadas. Una de éstas era la de Runatullo, de propiedad de la familia Valladares, adonde llegaban los piquetes depredadores. Los invasores  encomendaban esta triste tarea a las autoridades municipales. El alcalde de Jauja, el cura Pedro Teodoro Reyes, prestamista y terrateniente, inmoral y decidido colaborador de los chilenos, había pasado circulares a los jefes de guerrillas para que no se alzaran contra los intrusos, amenazándolos con aplicarles severos castigos. El 26 de febrero llegó a Comas un piquete de caballería compuesto de cuarenta jinetes del escuadrón Yungay, procedente de Huancayo y con dirección a Runatullo, con el propósito de robar y desmantelar la hacienda, llegaron sembrando el terror,  violando a mujeres de cualquier edad y cometiendo toda clase de actos abominables, y al marcharse a cumplir su cometido encargaron que para su regreso les hiciesen esperar abundante y agradable rancho.. El alcalde de Comas, don Luis Chávez, convocó a cabildo abierto para considerar tan dolorosa misión. El pueblo se pronunció por el incumplimiento de la orden y acordó llamar a don Ambrosio Salazar y Márquez para organizar la defensa, comunicándole que por aclamación había sido designado “Comandante Militar de la Plaza”.
Ambrosio Salazar recibió la comunicación en la hacienda Marancocha, próxima a Comas, donde trabajaba como contador, e inmediatamente respondió aceptando la designación y felicitando  “porque un pueblo viril como Comas no se dejará hollar por la planta de los piratas de América…” “Estaré en ese pueblo dentro de una hora a acordar todo lo conducente para declarar la guerra sin cuartel a los filibusteros del siglo XIX…” Ambrosio Salazar era un hombre culto, altivo y patriota. Había estudiado la secundaria en el Colegio Nacional “Santa Isabel” de Huancayo, al término de sus estudios ejerció la docencia en el mismo plantel hasta 1878 en que viajó a Lima para estudiar en la Universidad de San Marcos, pero la declaratoria de guerra de Chile al Perú truncó sus aspiraciones.
Ya en Comas, Salazar organizó sus fuerzas e hizo preparar galgas para caer como un alud sobre el enemigo en Sierralumi, un desfiladero de cerca de dos kilómetros de largo, estrecho y muy cortado. El escuadrón chileno estaba al mando del teniente Ildefonso Álamos, guiado por el francés Fernando Germaín, un comerciante de Huancayo que iba uniformado de capitán chileno, y el italiano Luis Loero, otro comerciante de Concepción. Los araucanos en su trayecto sorprendieron en Pumamanta a una joven llamada Bartola Ángela Vásquez, que no pudo escapar por estar al cuidado de sus ancianos padres, los carabineros abusaron de ella hasta dejarla sin vida.
El Comandante de la Plaza de Comas, Ambrosio Salazar, envió chasquis a conveniente distancia para saber el camino que tomaría el enemigo a su regreso, hizo preparar trincheras en los sitios más estrechos y hacia la entrada a Comas una trinchera doble para los expertos tiradores capitaneados por Manuel Arroyo, las galgas en las alturas con cincuenta hombres para hacerlas funcionar, entre las malezas del otro lado del puente se emboscaron 30 hombres con rifles Minié, y las mujeres encabezadas por Candelaria Estrada se situaron en las partes más altas para disparar sus hondas. Así preparados esperaron que los salteadores ocupasen toda la quebrada, que desde las once de la mañana del 2 de Marzo de 1882 empezaron a descender, 20 minutos después se dio la señal convenida para el ataque. El efecto de las galgas fue desastroso para los invasores que rodaron al abismo arrastrados por las mismas reses que habían robado, con los pocos que salieron ilesos de las galgas se empeñó un encarnizado combate. Después de dos horas de continuada refriega 35 chilenos quedaron en el campo, sólo cinco huyeron por caminos extraviados entre ellos el jefe Alamos y el guía Loero.
En el parte oficial que Salazar elevó al general Cáceres se consigna 35 bajas enemigas entre ellas la del mal agradecido Germaín, 35 carabinas Winchester y 35 caballos aperados de brida a espuela. Además, fueron recuperadas, 600 reses, 50 arrobas de mantequilla y todos los sacos de víveres. Don Ambrosio termina el documento suplicándole que apresure su regreso porque “ahora estoy solo en la brega –le dice- al frente de 4000 invasores”. El general Cáceres le responde manifestando su “más viva complacencia” al saber “que el vecindario de Comas colocándose a la altura de su deber haya escarmentado al enemigo con todo el rigor de su indignación”, lo cual significa “una fecunda enseñanza para los pueblos, que no dudo se apresurarán a imitarla en vista de sus gloriosos resultados”; y envió con el mismo chasqui el nombramiento de Salazar como “Comandante Militar de Comas”.
Los hijos de Comas que contribuyeron en la preparación y ejecución del plan concebido y organizado por Ambrosio Salazar, fueron: el alcalde Luis Chávez, el secretario José Benito Gil, el síndico Francisco Valdez, el gobernador Baltazar Chávez, el teniente gobernador Nazario Valero, el cura Lorenzo Soto, y los guerrilleros Manuel Arroyo, José Manuel Mercado, Jerónimo Huaylinos, Venancio Valdez, Vicente Buendía, Isidro Muñoz, Mateo Garay, Pedro Medina, Venancio Martínez, Andrés Gonzales, Pablo Bellido, N. Huancauqui, José R. Paitampoma, Manuel de la O., Melchor de la O., Presentación de la O., Gregario de la O., Evaristo Solís, Facundo Mercado, Claudio Paucar, Santiago Carrera, Venancio Chávez y el chasqui Juan Yupanqui, que puso en manos del general Cáceres el parte oficial.
Al día siguiente, Salazar lanzó una proclama enalteciendo la fe y el civismo con que combatieron a los que mancillaron “con su inmunda planta estas regiones donde no hay guano ni salitre”. “Amigos -les dijo- Sea, pues, la gloriosa acción de armas de ayer, el prolegómeno de la serie de triunfos que la Providencia nos depara en lo sucesivo. Estamos solos –advierte- el ejército del Centro está á gran distancia; no importa, los pueblos del valle, los del Perú entero, creo que imitarán el ejemplo que ayer les dimos. Y si no se ponen de pie, solos nos batiremos hasta sucumbir… y habremos probado al mundo que, en un rincón del Perú, un puñado de patriotas prefirieron morir peleando, antes que sobrevivir á la humillación inferida por el araucano.”    
El jefe chileno Del Canto, pedía insistentemente la rendición de Salazar, la devolución de los muertos en Sierralumi y el botín capturado, y al no poder hacerlo directamente por el temor de volver por Comas, obligó al alcalde de Concepción, Juan Enrique Valladares, a enviar una nota al jefe de las guerrillas de Comas. Pero el jefe de la plaza de Comas, Ambrosio Salazar, en actitud valiente y altiva, respondió: “Tengo en mis manos el oficio de US. en el que tiene á bien proponerme que deponga las armas y entregue á la vez el botín de guerra tomado á los araucanos en el combate del 2 de marzo último en Sierralumi; así como también el cadáver del oficial chileno muerto en la refriega.”
Para aceptar tal propuesta -continúa- sería necesario no ser peruano, no tener sangre en las venas, ni dignidad en el alma; el castigo que aquí se ha infligido á los salteadores de América, es merecido; continuaré exterminando araucanos en cuanto la ocasión me sea propicia, o sucumbiré en las demandas antes de rendirme.” “… si los enemigos vuelven á invadir este pueblo –finaliza-, como US. me asegura, mi derrotero está trazado; ellos me encontrarán siempre en el camino del honor y del deber, no me rindo ni entrego nada de lo que se me exige, puede Us. así decírselo á su mandante.”  Y nunca más volvieron, ni hubo más amenazas. “En Comas se izó la Bandera del Perú –como dijera el propio Salazar- delante del enemigo y no se arrió jamás”.
Según Salazar y Márquez “durante la catástrofe nacional del 79, ningún pueblo de la República, hizo uso de su libertad y soberanía popular, con más eficacia y oportunidad, que Comas; nombrando en plebiscito por aclamación, un jefe que presidiera sus actos militares…, ante la ausencia de toda autoridad militar superior, dentro de la sección territorial, ocupada por el invasor; y ante la resolución inquebrantable, de no ceder más terreno al araucano.” En el parte elevado al general Cáceres, las autoridades de Comas le dicen: “necesitábamos de un cerebro que nos guiara y nos fijamos en don Ambrosio Salazar por conocer de muy cerca su patriotismo”.
 “Este hecho es el más glorioso y significativo de nuestros anales; realizado por el pueblo sin la menor intervención del ejército… Sin embargo, la épica hazaña de Comas, no está debidamente apreciada por los (historiadores) contemporáneos…”
Ambrosio Salazar, el vencedor de los hechos de armas de Sierralumi, Concepción, San Juan Cruz de Tarma, dejó de existir en Lima, el 9 de enero de 1945, a los 89 años de edad. El mayor Eduardo Mendoza, dice: “Su sepulcro nunca lució lápida alguna ni flores que le dieran el merecido perfume que su gloria merece, Comas, Concepción y el Perú entero, le deben el bronce, el granito o el mármol que haga perdurable su recuerdo. Quien fue tenaz contra los invasores y tempestad vengadora en las cumbres andinas, merece ser reivindicado para siempre del olvido que le acompañó en el ocaso de su vida.”
El 10 de enero de 1907, el gobierno le otorgó la medalla de oro por ser el vencedor del combate de Concepción del 9 de julio de 1882, a mérito de la ley 232, expedida para premiar a los héroes de Marcavalle, Pucará y Concepción, y desde 1986 sus restos reposan en la Cripta de los Héroes de la Guerra del Pacífico. En Concepción hay un busto de Ambrosio Salazar en el Paseo de los Héroes; en Huancayo, una urbanización del distrito de El Tambo lleva su nombre; en Lima, una calle en el distrito de El Rímac nos evoca al vencedor de Sierralumi; en el parque “9 de Julio” de San Borja, el busto de Ambrosio Salazar se yergue en el monumento al lado del Héroe de la Breña, Mariscal Cáceres, y de Juan Enrique Valladares; y en el distrito limeño de Comas, el parque Nº 3 de la urbanización El Viñedo ha sido designado con el nombre de Ambrosio Salazar. Sin embargo, no es suficiente, falta que se haga realidad el reclamo del soldado historiador Eduardo Mendoza.
   
Bibliografía:
MENDOZA MELÉNDEZ, Eduardo, LA CAMPAÑA DE LA BREÑA, Tomos I y II, Lima, 1993.
SALAZAR Y MÁRQUEZ, Ambrosio, MEMORIAS SOBRE LA RESISTENCIA DE LA BREÑA, Lima, 2005, p. 130.

Lima, 2 de marzo de 2017.

Lope Yupanqui Callegari