lunes, 13 de julio de 2015

11 de julio de 1882

Rescate de una Efemérides

El 11 de julio de 1882, sucedió en el pueblo de Matahuasi, provincia de Concepción, departamento de Junín, un hecho sangriento, como todos los que protagonizó el ejército chileno a lo largo de la Guerra del Guano y el Salitre, hecho silenciado por la historia por más de cien años. Parece que ningún historiador peruano, excepto el mayor Eduardo Mendoza, le dio importancia; en cambio, el chileno Jorge Inostroza en su libro “Adiós al Séptimo de Línea” (1) lo cuenta detalladamente. Después de cumplir la macabra tarea de vengar la bien merecida muerte del destacamento chileno acuartelado en Concepción, el ejército reemprendió la retirada, pero aún le faltaba la destrucción del pueblo. A continuación tomamos textualmente del mencionado libro:

“-Coronel Robles -gruñó Del Canto-, destaque una compañía de su cuerpo para que incendie inmediatamente todas las casas de La Concepción.”

“Poco antes del mediodía -11 de julio- la columna expedicionaria volvió a ponerse en marcha. Extendida en más de diez kilómetros, iba serpenteando lentamente por el camino que contorneaba los cerros. Detrás de la retaguardia, en la hondonada donde yacía La Concepción, surgían decenas de penachos de humo, que al elevarse por la atmósfera diáfana se fundían en una sola columna. Eran las casas del pueblo del sacrificio ardiendo en su totalidad.”

“Los ardores del batallón “Chacabuco” no se calmaron por el hecho de haber sido trasladados a la cabeza de la columna. Lejos de eso, su rabioso encono pronto encontró cauces por donde desbordarse. El coronel Del Canto no tardó en tener noticias de ello.” 

“Se acercaban al poblado de Matahuasi, cuando el repique seco de nutrida fusilería repercutió entre las montañas que encierran al valle. El jefe de la división detuvo su caballo de un golpe al oír los estampidos.
     -¿Y esas descargas qué significan? –gritó, sospechando lo que ocurría-. ¡Ayudante Villota, corra a la vanguardia y averigüe qué pasa!”
     “El batallón “Chacabuco” se había adelantado impetuosamente y entró a Matahuasi al mismo tiempo que los exploradores. La tropa encontró allí a un grupo de montoneros armados que no había tenido tiempo de huir y los acribilló a balazos, llenándolos de plomo. No saciados con eso, sacaron de sus casas a todos los pobladores varones y los fusilaron en el instante mismo. Fueron cuarenta los que cayeron pasados por las armas. Antes de que el coronel Del Canto pudiera intervenir, prendieron fuego al pueblo y lo convirtieron en una hoguera.”
     “El jefe de la división se tragó sus objeciones sobre aquel abuso de facultades en que habían caído los jefes del “Chacabuco”. Trató de convencerse a sí  mismo diciéndose que los chacabucos tenían motivos sobrados para estar tan rabiosos y tomarse una venganza tremenda. En consecuencia, cerró los ojos y los dejó continuar en la vanguardia.” (Hasta aquí la cita).

En lo que acabamos de ver, podemos entender que la masacre fue mucho más atroz, porque quien lo dice es un chileno, que deliberadamente esconde los más horrendos crímenes de sus connacionales. No es que los cuarenta montoneros no habían tenido tiempo de huir, sino que a sabiendas y conociendo su precaria situación salieron para hacerles frente, pero la inmensa superioridad en número y armamento hizo que rápidamente fueran acribillados. Luego dice que “sacaron de sus casas a todos lo pobladores varones…” Eso tampoco se puede creer, puesto que la orden de Del Canto era degüello general sin dejar con vida a nadie, y lo cumplieron al pie de la letra. El propio jefe de la división reconoce “aquel abuso de facultades” que perpetraron ante una indefensa población, y tratando de justificar tamaños desmanes se dijo asimismo “que los chacabucos tenían motivos sobrados para estar tan rabiosos y tomarse una venganza tremenda.” Entonces, pues, el asesinato de la población fue total e indiscriminado.

Ahora bien, ¿qué motivó a los matahuasinos para tomar esa decisión? Sabían que el ejército chileno tenía que pasar necesariamente por su pueblo,  sabían también que era inmensamente superior en número y armamento, equipamiento y organización. Conocían de los crímenes, latrocinios y violaciones que cometían los chilenos en todos los pueblos invadidos y lo que habían hecho de Concepción el día anterior; lo sabían muy bien, porque algunos de ellos eran sobrevivientes de esa acción. Matahuasi todavía no era distrito, era anexo de Apata, pero entendía perfectamente que era necesario detener al enemigo para que el ejército de Cáceres que venía atrás, en persecución, pudiera alcanzarlo. Tomada la decisión, seguramente contaron a sus efectivos, sumaban 40 los montoneros armados, pero cuáles eran sus armas: hondas, piedras, palos, rejones y algunas escopetas, y así se enfrentaron, y fueron ellos los primeros en caer fulminados por el fuego enemigo; luego, siguió la masacre, y de qué manera, sacaron  de sus casas a todos los pobladores del pueblo, sin respetar sexo ni edad, y los fusilaron al instante mismo y, finalmente, el pequeño pueblo fue saqueado y entregado a las llamas. Era mediodía, sólo se salvaron los que habían ido a trabajar a sus chacras.

Cómo no recordar y admirar el gesto de esa pléyade de patriotas, que en acto similar a la defensa del Morro de Arica, ante la intimidación chilena de rendirse y entregar la plaza, Bolognesi prefirió luchar hasta quemar el último cartucho; aquí sucedió algo parecido, sabiendo que no tenían ninguna posibilidad de éxito, prefirieron pelear y entregar sus vidas por defender sus tierras, lo que siempre les perteneció y el honor mancillado por la horda araucana. Por eso es que la Asociación Cultural Matahuasi y la Municipalidad distrital han levantado un monumento en homenaje a los Combatientes Matahuasinos de la Guerra con Chile, para perennizar su memoria y tenerlos siempre en la mente y en el corazón a ese conglomerado anónimo que, en las horas más aciagas de la patria, ante el llamado  del Vencedor de Tarapacá y Héroe de la Resistencia, el Taita Cáceres, no vacilaron en enrolarse en las filas de la contienda y escribir con sus actos páginas de gloria en nuestra historia

Desde la década de 1960, veníamos informando sobre estos sucesos a través del boletín “El Níspero”, la revista “Eco Andino” y otros medios, pero cuando en 1998 se fundó la “Asociación Cultural Matahuasi”, formada por matahuasinos residentes en Lima, presidida por el autor de estas líneas, solicitamos al alcalde, por entonces Hugo Sotil, la realización de un conversatorio, para informar a las autoridades, ciudadanía, profesores y alumnos del quinto de secundaria, la participación de Matahuasi en la Guerra con Chile. El exalcalde provincial, Prof. Teodomiro Román Rodríguez, a la sazón presidente de la Orden de la Legión Mariscal Cáceres Filial de Concepción, fue invitado para dar una visión de conjunto sobre la guerra de conquista que desató Chile con la ayuda de Inglaterra contra del Perú, y quien escribe estas líneas expuso sobre la participación de Matahuasi en esa hecatombe. El evento histórico cultural se realizó con éxito el 28 de abril del 2000, dando como resultado la expedición de un decreto municipal oficializando el 11 de Julio como Día Cívico Patriótico en toda la jurisdicción del distrito y disponiendo que los centros educativos incluyeran en sus calendarios la fecha de esta nueva efemérides para que recuerden todos los años el sacrificio de nuestros padres, y que el Concejo Municipal fuera la entidad que encabece la conmemoración anual en acto público con desfile y otras actividades.

El 20 de enero del 2004 se inauguró el Monumento a los Combatientes Matahuasinos de la Guerra con Chile, construido en la Plaza Mayor del distrito por la Asociación Cultural Matahuasi, siendo alcalde Wilson Chávez. En el mismo acto se develó el busto del soldado Lorenzo Yupanqui, muerto heroicamente en la batalla de Huamachuco del 10 de julio de 1883. De este modo la Asociación Cultural rescató del olvido la fecha del 11 de Julio, día  en que el pueblo de Matahuasi, en 1882, durante la Campaña de la Resistencia enarbolada por el ínclito Mariscal Andrés Avelino Cáceres, se inmoló en aras de la Patria y el Honor Nacional.

(1)  INOSTROZA C. Jorge, Adiós al Séptimo de Línea, Tomo V, 8va. Ed., Santiago de Chile, 1955, p. 264 - 265.

CPP. Lope Yupanqui Callegari


sábado, 11 de julio de 2015

Marcavalle, Pucará, Concepción y Huamachuco

La Orden de la Legión Mariscal Cáceres recordó el 
133º Aniversario de las Batallas de Marcavalle, Pucará y 
Concepción y el 132º del holocausto de Huamachuco

Agradezco al General Presidente de la Orden de la Legión Mariscal Cáceres el honor de permitirme hacer uso de la palabra en esta ocasión en que conmemoramos un aniversario más de las triunfantes batallas de Marcavalle, Pucará y Concepción y el holocausto de Huamachuco, hechos acaecidos durante la gloriosa Campaña de la Breña, conducida magistralmente por el entonces General Andrés Avelino Cáceres Dorregaray.
Sabemos que fracasadas la Campaña Naval y la Campaña Terrestre del Sur, la guerra de Chile contra el Perú iniciada el 5 de abril de 1879 llega a la capital de la República y tras los desastres de San Juan y Miraflores el dictador Nicolás de Piérola abandona Lima el mismo 15 de enero de 1881, mientras Chorrillos, el Barranco y Miraflores se consumían en llamas.           
Para Piérola y sus partidarios la guerra había terminado con la ocupación de Lima por los chilenos, mientras que para el General Cáceres era perfectamente viable emprender la resistencia en otro escenario, mediante una guerra de desgaste, porque en sus planes estaba lograr el triunfo o, por lo menos, crear las condiciones para negociar una paz aceptable y honrosa.
Cuando en abril de 1881 el general Cáceres se hace cargo de las operaciones, en el centro del país no había ejército y las guerrillas que existían habían surgido por iniciativa de vecinos entusiastas sin ningún apoyo de Piérola. En estas condiciones se llega a 1882, y después de vencer los embates de la naturaleza en Julcamarca y en Acuchimay el levantamiento de Arnaldo Panizo, el general Cáceres avanza con los preparativos y adiestramiento del Ejército del Centro, los pobladores se alistan para la lucha, la decisión de combatir se alimentaba con la evocación de la participación de los contingentes serranos en la defensa de Lima, el relato de los sobrevivientes de San Juan y Miraflores era la mejor propaganda que avivaba el patriotismo.
En las principales ciudades del centro del país se habían instalado las fuerzas de ocupación comandadas por el coronel Estanislao Del Canto. Para el sostenimiento contaban con los recursos del lugar, que lo conseguían mediante el saqueo y el robo, la imposición de cupos en dinero y otras especies. Virgilio Roel Pineda, dice: “El robo y el saqueo fueron una práctica que se impuso en el ejército chileno de una forma tal, que el procedimiento se utilizó como un señuelo ante la soldadesca: se le ofreció a los soldados, como atractivo, que ejercerían la práctica bárbara y bestial del saqueo, y como gran parte de sus tropas provenía del hampa o tenía mentalidad delincuencial, se lanzaron a la guerra esperando el momento de asaltar, robar, violar, destruir y asesinar. Por supuesto que los mandos cumplieron casi siempre su promesa de dar libre curso al saqueo…”
Esta práctica agravaba la precaria situación de los pobladores, más la actitud profundamente racista contra los indígenas, fueron creando las condiciones para la reacción generalizada de las comunidades en el mes de abril de 1882. “La insurrección de abril –dice Nelson Manrique- fue una movilización de masas de la cual sólo por excepción se conocen algunos nombres, mientras que la inmensa mayoría de los heroicos combatientes permanecen en el anonimato… El gran protagonista de la resistencia guerrillera del valle del Mantaro fue, pues, el campesinado indígena de las comunidades, quien tuvo la iniciativa y llevó el peso de las acciones sobre sus hombros”.
A fines de mayo, el general Cáceres consideró que las fuerzas que había organizado en Ayacucho estaban ya en condiciones de entrar en campaña y, al mismo tiempo, los pobladores reclamaban su presencia para desalojar a los invasores chilenos, que habían convertido la vida de inermes y pacíficos agricultores en una situación insoportable. El conductor de la resistencia inicia, entonces,

La Gloriosa Contraofensiva del Ejército del Centro.

El plan concebido por el general Cáceres consistía en lanzar un asalto simultáneo contra tres objetivos vitales: el primero era cortar el puente de La Oroya para impedir la fuga de los chilenos con dirección a Lima, su ejecución fue encargada a una columna al mando del coronel Máximo Tafur. La segunda columna, al mando del coronel Juan Gastó, debía marchar por el flanco oriental del valle para unirse con el contingente de Comas y atacar a la guarnición chilena acuartelada en Concepción. Y la tercera columna formada por el grueso del Ejército al mando del propio general Cáceres, que debía marchar sobre las posiciones de Marcavalle y Pucará empujando a las fuerzas chilenas hacia el norte, y todas las guerrillas de uno y otro lado del valle del Mantaro cooperarían con las operaciones del Ejército. 
La misión de volar el puente de La Oroya no se cumplió debido a que por falta de coordinación los guerrilleros de Chacapalpa atacaron antes del día fijado y, por desgracia, fueron rechazados, quedando las fuerzas enemigas a salvo.
El general Cáceres, en cambio,  con el grueso del ejército, en la madrugada del glorioso 9 de julio, el batallón Tarapacá inició las acciones, trabando combate con las avanzadas chilenas de Marcavalle haciendo que se replegaran a Pucará, de donde también fueron desalojados, huyendo a Sapallanga y luego a Huancayo. El triunfo del Ejército del Centro resultó contundente e indiscutible.
Ese mismo 9 de julio por la tarde, la columna del coronel Juan Gastó y las fuerzas de Ambrosio Salazar, que comandaba el contingente de Comas y Andamarca, atacaron al destacamento chileno acuartelado en Concepción y luego de un feroz combate que duró 17 horas, hasta la mañana del 10 de julio, dieron muerte a todos los integrantes de ese indeseable destacamento chileno. En Concepción se encontraba la cuarta compañía del escuadrón Chacabuco, al mando del teniente Ignacio Carrera Pinto. En esta compañía habían algunos que eran gente distinguida: Ignacio Carrera Pinto era sobrino del presidente Aníbal Pinto, Julio Montt Salamanca era hijo del ministro de Guerra, Arturo Pérez Canto era sobrino del coronel Estanislao Del Canto, Luis Cruz Martínez era también de ascendencia ilustre.
Lo ocurrido en Concepción provocó una gran conmoción en Chile. Jorge Basadre cita al historiador chileno Gonzalo Bulnes, quien dice: “La campaña de Canto fue un desastre. Emprendida en el concepto de ganarse la simpatía de la sierra y de privar de nuevos soldados al ejército de Cáceres, lo que se consiguió fue estimular un levantamiento de odios implacables y dar a Cáceres un poderoso concurso de hombres”. Esta cita es un claro reconocimiento a la estrategia del general Cáceres.
Para Chile la guerra había terminado con la toma de Lima; sin embargo, por los resultados del 9 de julio en Marcavalle, Pucará y Concepción, en el congreso chileno Vicuña Mackenna planteaba la desocupación de Lima, el presidente Domingo Santa María era partidario de abandonar Lima y retirar las fuerzas de ocupación hasta la línea de Sama.
Pese a que no se había podido evitar la fuga del ejército chileno por el puente de La Oroya, la Contraofensiva del Ejército del Centro fue un rotundo éxito, quedando el departamento de Junín libre de las fuerzas invasoras, que fueron perseguidas hasta la costa en su desastrosa fuga.

El Holocausto de Huamachuco

Al año siguiente, el 10 de julio, ese ejército triunfante en la sierra central va a sufrir en Huamachuco un espantoso revés. La tenaz lucha, dice Basadre, tuvo lugar en la llanura del Purrubamba que tiene cinco kilómetros de este a oeste y dos y medio de norte a sur, medidos entre las cumbres del Sazón y del Cuyurga. “Después de cuatro horas –continúa-, las huestes de Cáceres eran dueñas del llano y se hallaban al pie de las pendientes del Sazón… Los peruanos palparon la inminencia de la victoria”. “Fue imposible -dice el general Cáceres- contener a muchos de nuestros valientes soldados que, enardecidos y alentados por haber hecho retroceder repetidas veces a los chilenos, se lanzaron impremeditadamente sobre el cerro que ellos ocupaban, trepando con firmeza y serenidad a pesar del mortífero fuego que les hacían de sus atrincheramientos…; su caballería se esforzaba en contener a parte de sus infantes que huían en completa dispersión y los más esforzados de los nuestros casi se confundían en las cimas del cerro con sus enemigos, cuando repentinamente retrocedieron desde esa altura gritando ¡municiones! ¡municiones!”
Cinco horas de combate habían consumido los pertrechos peruanos y a esta carencia se unía la falta de bayonetas para el choque cuerpo a cuerpo. Los chilenos emprendieron un contraataque a la bayoneta, reforzado por la caballería. Los infantes peruanos a culatazos no pudieron contener la superioridad chilena. El ejército peruano tuvo una pérdida cuantiosa de jefes, oficiales y soldados. Todos los prisioneros fueron fusilados. El “repase” o ultimación de los heridos fue total. “Yo mismo –dice el general Cáceres- me lancé con mi escolta a contener a los dispersos, y, lejos de conseguirlo, fui atacado por la infantería chilena. Mi escolta fue destrozada, y luego me vi envuelto por jinetes chilenos a punto de caer prisionero. Completamente solo me abrí paso entre el enemigo y pude alejarme rápidamente gracias a la agilidad de mi caballo (el “Elegante”).” “La persecución emprendida por los chilenos, tras la batalla duró varios días. Luego ya no fue una persecución… sino que se convirtió en una inhumana cacería de hombres. Piquetes de caballería chilena, guiados por los adictos de Montán, recorrieron las chozas y las cabañas de las aldeas y caseríos vecinos asesinando a oficiales y soldados que habíanse cobijado en ellos.”
“Las autoridades iglesistas festejaron jubilosas la victoria de los chilenos. Iglesias mandó una comisión especial a Huamachuco para felicitar en su nombre a Gorostiaga”. Mas, esta derrota no fue aceptada por Cáceres como el final de la campaña, y mientras se dirigía hacia el centro se detuvo en el pueblo de Mollepata el 12 de julio, para lanzar una proclama que anunciaba proseguir la lucha contra el invasor. “Aunque… el ejército de mi mando sucumbió valerosamente en los campos de Huamachuco, me siento aún firmemente resuelto a seguir consagrando mis fuerzas a la defensa nacional, pues el desastre sufrido, lejos de abatir mi espíritu ha avivado, si cabe, el fuego de mi entusiasmo”, sentenció el Héroe de la Resistencia, palabras que según Basadre la historia del Perú debe acoger entre las más bellas que sus páginas pueden registrar.
Y Cáceres continuó luchando, aún después del írrito tratado de Ancón, aceptado por el traidor Iglesias. De no haber sido por esta precipitación, otro habría sido el resultado de la guerra, porque los soldados de Urriola, en 1883,  pudieron fugar protegidos por los terratenientes y sectores de poder del centro del país.
“La Resistencia de la Breña… Constituye el capítulo más brillante del acaecer histórico peruano –dice Ángeles Caballero-, porque aquella resistencia salvó incólume el honor y la dignidad nacionales, lanzando como un solo puño la unidad de los breñeros, colosos andinos que vengaron la ofensa, el escarnio, el atropello inaudito, para elevar su heroísmo a la cima de la gloria.”
Uno de los fundadores de la Orden de la Legión Mariscal Cáceres, el Dr. Pablo Macera, asegura que “La Resistencia de Cáceres consiguió durante un breve momento y en un territorio determinado crear una causa común. Para conseguirla, Cáceres buscó el apoyo de algunas fracciones de la clase dirigente peruana; pero, fundamentalmente, basó su acción en las masas campesinas.” Cita una carta de Cáceres en la que éste reconoce “que en la peor hora de su infortunio el Perú había encontrado sus mejores defensores en el corazón generoso de los pueblos; de ese mismo pueblo a quien se tildaba de masas inconcientes”.
En el Parte Oficial sobre los Combates de Marcavalle, Pucará, Concepción y San Juan Cruz, el Mariscal Cáceres dice: “el ejército de línea es digno de todo elogio por la moralidad observada y el sufrimiento y resignación soportados con abnegación en esta ruda campaña; pero muy en especial debo llamar la atención del supremo gobierno el levantamiento en masa y espontáneo de todos los indígenas del departamento de Junín y Huancavelica prestando con su concurso valiosos servicios.”
Cáceres “solo hizo la tarea de muchos hombres –dice Basadre- Fue como la proa de una nave que caminara aunque fuese mutilada. Los harapos de sus soldados brillaban como una bandera al sol. Parecía este puñado de hombres llevar la patria en brazos. Y hubo momentos en que pudo decirse que en el Perú no relucía oro de más quilates que la espada de Cáceres.”
El Mariscal  Cáceres tiene el inmenso valor histórico de haber transformado el caudal de la decisión popular de combate en disciplina y organización. Debemos, por eso, aquilatar el mensaje de este excepcional soldado que cumplió con su deber en forma extraordinaria, señalando el camino que el Perú debe seguir.
Esta guerra, fue muy bien planificada en Chile, con la finalidad de destruir totalmente al Perú. Lo certifican diversos documentos publicados, como los siguientes, en el diario de Santiago “El Ferrocarril”: “Dejar al Perú militarmente desarmado es poca garantía. Es menester empobrecerlo en sus industrias, escarmentarlo en sus soldados y en las fortunas de sus ciudadanos.” En el mismo diario se lee: “Ni una choza debe quedar en pie estando al alcance de nuestra artillería naval. Nuestros buques deben sembrar por todas partes la desolación y el espanto… Es necesario que la muerte y la destrucción ejercidas sin piedad en los hogares del Perú no le deje un momento de aliento ni respiro y que sucumba al peso de nuestra superioridad militar.” “El Mercurio”, de Valparaíso decía con satisfacción: “Los soldados chilenos no se satisfacen con ver muertos a sus enemigos. Creen que se hacen los muertos, y para dejar bien muertos a los muertos, terminada la batalla, recorren el campo y ultiman a los heridos. A este acto le dan el nombre de “repaso””. Y muchos más. Para qué seguir con el recuento del plan de Chile contra el Perú.
Sin embargo, el mismo Pablo Macera nos informa que la Sierra Central  ha producido un arte popular inspirado en esta guerra. Recuerda que Jorge Basadre dijo en una oportunidad que esa creatividad estaba directamente asociada con la Campaña de Cáceres y más precisamente con la movilización popular que esa Campaña ocasionó. Gracias a la Campaña de Cáceres, la guerra con Chile fortaleció identidades regionales y dio motivo a su capacidad artística y necesidad de expresarlo, quedando registradas principalmente en los mates burilados de Mayocc y Huanta y en los bordados y danzas de Huancayo y Jauja. Las poblaciones del valle del Mantaro recuerdan la guerra con alegría a través de un arte hecho de danzas, música, máscaras, vestidos y disfraces. Para demostrarlo, allí están la “Macctada” o “Tropa de Cáceres” del valle de Yanamarca, los “Avelinos” de San Jerónimo de Tunán, los “Awkish” de Manzanares, Huachac y Chambará, el “Awkish Capitán” de Huaripampa, los “Montoneros” de Matahuasi, entre otras, todas estas manifestaciones expresan las huellas dejadas por la guerra con Chile.
Para terminar, veamos un hecho reciente. El 19 de junio último, el semanario “Hildebrandt en sus trece” consigna la versión chilena del combate de Concepción (batalla de La Concepción como llaman los chilenos), extraída de un libro publicado el 2011 con el título “Ignacio Carrera Pinto: el héroe”, escrito por los historiadores chilenos Julio Miranda Espinoza y Pedro Hormazábal Espinoza. Pese a que ha sido escrito hace recién cuatro años sorprende el trato a los combatientes de la resistencia peruana de odiosos y salvajes, destila en sus páginas racismo y desprecio por los cholos e indios; por el contrario, elevan a la categoría de héroes a una banda de invasores de un país ajeno. Manchan la honra del coronel Gastó, cuando dicen “da autorización de saqueo a los serranos que profanaron, mutilaron y se llevaron cuanto pudieron”, cuando este buen militar, más bien, evitó los desmanes que se hubieran producido después del éxito del combate. El relato parece que repitiera la historia novelada de Jorge Inostrosa, no hablan del infame comportamiento de estos asaltantes y violadores, de los múltiples abusos que cometieron y repiten pasajes de novela como el invento de pedido de rendición con la participación incluso de una dama. El odio y envidia de Chile contra el Perú sigue igual, no ha cambiado y no cambiará nunca. El Perú debe entenderlo así, si no quiere otro “autogol”, porque según Macera “La Guerra con Chile fue un autogol del Perú”, citado en el prólogo de la obra de Manrique. 
 Lima, 7 de julio de 2015.                 
CPP. Lope Yupanqui Callegari                      

jueves, 28 de mayo de 2015

Vigencia del kechwa

La vigorosa vigencia del idioma kechwa

Recientemente se han presentado en el Centro Universitario de Folklore de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que dirige el Mg. Carlos Sánchez, dos libros que tienen que ver con la vigencia del kechwa, uno referente a la danza de los Auquines de Matahuasi de quien escribe estas líneas y el otro a la danza de los Auquish de Manzanares, Huachac y Chambará, cuyos autores son Julio Antonio Maraví Aranda, Justino Geng Montalván y Lucio Donato Hidalgo Fabián, ambas manifestaciones pertenecen a la cultura Kechwa y tienen la misma etimología, aunque la coreografía, vestimenta, música e instrumentación sean diferentes.

Estos eventos nos ha traído a la mente la serie de actividades que desarrollaba el Club Departamental Junín con la denominación de “jueves culturales”, en cuyas noches se intercambiaban interesantes tertulias literarias. En uno de esos encuentros, en mayo de 2010 precisamente, se trataba del Best Seller (“el mejor vendedor”), cuando el finado periodista Abelardo Samaniego Arauco, past presidente de la institución, que había sustentado el tema, dijo que un libro con el “título en kechwa no sería un best seller”. La reacción de los asistentes fue inmediata y dio lugar a que el kechwa fuera el asunto central del debate, pasando el best seller a un segundo plano. Después de una serie de intervenciones muy versadas y atinadas se llegó a las siguientes conclusiones, las cuales fueron en los días siguientes elevadas a las instancias correspondientes:
·        
Que el ministerio de Educación implante la enseñanza formal y obligatoria del idioma kechwa en las escuelas y colegios del país.
·       
  Que los gobiernos regionales y municipales promuevan concursos de poesía y canto en kechwa.
·         
Exhortar a los kechwistas, lingüistas, filólogos, antropólogos y demás especialistas en el tema que hagan un esfuerzo por unificar la estructura del idioma kechwa.
·         
Que los municipios organicen gratuitamente cursos de enseñanza del idioma kechwa.
·       
  Que el tema de la próxima tertulia literaria sea la vigencia y defensa del Runasimi. (Y así fue).

El Club Departamental Junín en el siguiente mes de junio debe renovar su consejo directivo. Esperamos que siga con los lineamientos fijados por el presidente que entregará la posta, Ing. Luis Robles Recavarren, y considere la actividad cultural como el eje de su accionar, porque para los gobiernos desde 1985 la cultura es “la última rueda del coche”. Las instituciones deben suplir en algo.

Lima, 27 de mayo de 2015.                                                              
CPP. Lope Yupanqui Callegari

lunes, 20 de abril de 2015

Morococha

Morococha y el valle de Tambo

Acabamos de regresar de un viaje a la ciudad de Huancayo. La estada en la “Incontrastable” fue, como siempre, muy placentera: su clima, poca lluvia ya en este mes y bastante sol, los alimentos sanos y frescos, todo es agradable; sin embargo, en el centro de la ciudad se soporta el intenso y desordenado tránsito vehicular, que se complica en las calles angostas que casi no tienen veredas o son muy estrechas para los transeúntes. Huancayo, igual que Lima, ha crecido repentinamente y sin proyección al futuro.
            El viaje por la Carretera Central también resulta cómodo cuando no hay interrupciones, como en esta oportunidad, pero dos sentimientos surgen al contemplar el panorama; por un lado, de agrado y felicidad ante la presencia de un hermosísimo paisaje que sorprende e invita a admirar la belleza de la naturaleza, a lo largo del trayecto de la sierra a la costa, a pesar de que la vía central ya está colapsada y tomada por los vehículos de carga pesada, sin que las autoridades competentes se preocupen por abrir el túnel Trasandino u otra vía alterna.
Y, por otro lado, un sentimiento de amargura y tristeza, al constatar la contaminación de las aguas y del medio ambiente en general por la acción corrosiva de la actividad minera, por ejemplo, Morococha, convertida en un territorio desolado, donde sólo se puede ver huecos y montones de tierra, donde otrora estaba la ciudad con todos sus servicios, y los campamentos en hileras, y las torres de las “winchas” por donde se descendía a los socavones a extraer el mineral, no había extracción a tajo abierto.
            Cuánta razón tienen los pueblos arequipeños del valle de Tambo de defender sus aguas y su floreciente agricultura y decir NO a la mina, NO al proyecto Tía María sin el consentimiento de sus pobladores, de los que allí viven y vivirán sus hijos y sus nietos… Para que esos hermosos parajes no se conviertan en lugares como Morococha, o como el río Mantaro, o como Cerro de Pasco o Huancavelica donde se extrae minerales desde comienzos del siglo pasado y, paradójicamente, son los departamentos con mayor pobreza y mayor pobreza extrema.
            El Perú no sólo tiene minerales, también es un país agrícola y ganadero, tiene recursos marinos, bosques, petroquímica, en fin, es un país que se caracteriza por tener todo tipo de riquezas, el turismo es otro factor extraordinario de desarrollo, lo que hace falta es que haya un gobierno con plena autonomía que piense en el Perú y que el Estado peruano soberanamente administre sus recursos naturales en beneficio del país y sus habitantes y no como ahora que los gobiernos permiten que nuestras riquezas se las lleven las empresas transnacionales sin pagar impuestos y otras prebendas y se enriquezcan impunemente los políticos corruptos. ¿Algún día el Perú será reivindicado?
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Lima, 16 de abril de 2015.


CPP. Lope Yupanqui Callegari

domingo, 12 de octubre de 2014

EL PROBLEMA DEL PERÚ

ECO ANDINO Revista de Cultura /  Lima, 26 de setiembre de 2014.

EL PROBLEMA DEL PERÚ ES DE GOBIERNO

El Perú tiene de todo, salvo alguna excepción, bosques, animales, minerales, petróleo, gas, riqueza hídrica y abundancia de recursos marinos, entre otros; esto nadie lo discute, pero entonces, ¿por qué no sale de su atraso? Ya vamos a cumplir doscientos años de vida republicana y seguimos siendo un país subdesarrollado, mientras que hay países que en mucho menor tiempo han salido de su condición de tercermundista. ¿Dónde está el problema? El problema está en el gobierno. El Perú no ha tenido hasta ahora un grupo humano que fuera capaz de articular un proyecto nacional y gobernar mirando hacia el Perú profundo, donde se encuentra la verdadera peruanidad, un grupo de hombres que administre los ingentes recursos que tiene haciendo posible su desarrollo y el bienestar de los peruanos.

Hagamos un poco de historia, cuando se inicia la República en 1821, el Perú no alcanzó una independencia plena, sólo dejó de depender de España, mientras que las viejas estructuras de dominación de las grandes mayorías quedaron intactas, los primeros gobernantes de la República no hicieron nada por el cambio. En 1836 – 39,  peruanos como Agustín Gamarra y Ramón Castilla, entre otros, se unieron al ejército chileno para poner fin al intento de formar la Confederación Perú Boliviana. En 1879, después de la Guerra con Chile, a causa de la traición de los propios peruanos, jefes y gobernantes, el Perú perdió Arica y Tarapacá, además del cuantioso robo de todo lo más valioso que teníamos, los gobiernos siguientes ¿por qué no pensaron en recuperar esos territorios peruanos hoy ocupados por Chile? Al contrario, en 1895, el traidor Nicolás de Piérola, con la ayuda de Chile, se sublevó contra el Héroe de la Resistencia Andrés Avelino Cáceres, se erigió presidente, el pueblo lo aceptó y se evitó el plebiscito que debía realizarse de acuerdo al nefasto Tratado de Ancón. En 1929, el gobierno de Augusto B. Leguía no tuvo la entereza de defender y recuperar por lo menos Arica; y en 1939 fue elegido presidente Manuel Prado Ugarteche, hijo del traidor Mariano Ignacio Prado que huyó del país en plena Guerra. Hasta aquí y aun hasta la década del 60 ningún gobierno hizo algo para revertir la situación del Perú.

En 1968, el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada presidido por el general Juan Velasco Alvarado inició una serie de reformas que pudieron haber favorecido al pueblo peruano, pero al poco tiempo fue traicionado por el golpe militar de Francisco Morales Bermúdez, con el beneplácito de Chile, con lo que vino el desmontaje de todo lo avanzado. A partir del 2001, el gobierno de Alejandro Toledo que debió de restituir la Constitución de 1979, procesar y condenar a cadena perpetua a Fujimori y Montesinos, apresar a todos los militares y civiles que colaboraron con el gobierno que robó y cometió delitos de lesa humanidad durante la década del 90, así como debió proscribir al partido y familiares de ese “gobernante” por lo menos unos veinte años, y cancelar todo lo malo que hicieron en esos diez años, Toledo, ni los siguientes presidentes, desgraciadamente, no hicieron nada de eso; y el 2006 volvió Alan García Pérez, a pesar de que su primer gobierno produjo la inflación más alta de la historia del Perú y que propició el surgimiento del fujimorato, sólo un pueblo desmemoriado pudo haberlo permitido, y ese segundo alanismo cómo terminó, en un escándalo mayúsculo de corrupción y los llamados narcoindultos. Y el gobierno de turno actual, parece que no gobernara el presidente Ollanta Humala, sino el poder fáctico constituido por los grandes empresarios y el ministro de Economía en medio de una corrupción escandalosa de la que no se salva ningún estamento del Estado y cada vez en aumento.

Los poderes legislativo y judicial por demás desprestigiados. Medidas a favor del pueblo, ninguna, salvo el programa de asistencialismo. El Congreso, cuyos integrantes dicen que son representantes del pueblo, no representan sino a los empresarios que financian sus campañas y luego se dedican a toda clase de fechorías, menos a legislar ni a favor del pueblo ni a fiscalizar los desmanes del poder ejecutivo, o si no veamos si hay alguna ley que favorezca a las comunidades campesinas y nativas, si hay alguna condena a las empresas que envenenan los ríos, los pastos y el medio ambiente, ejemplo el río Mantaro, o si se preocupan por aumentar el sueldo mínimo vital, nada de eso, pero sí dan leyes, a veces entre gallos y media noche, que favorecen más a las empresas transnacionales, que actúan sólo por sus intereses, para enriquecerse a costa de nuestros recursos naturales y del trabajo del pueblo.

Por eso decimos que el problema del Perú está en el gobierno. Cuando tengamos un gobierno que sea independiente y soberano, que mire más al Perú y menos a Estados Unidos y Europa y, lejos de la corrupción, piense en el bienestar de sus connacionales, como lo hacen todos los gobiernos del mundo, y administre honradamente sus cuantiosos recursos, entonces, y sólo entonces, podremos empezar a cambiar y trabajar por el desarrollo del Perú, de lo contrario, seguiremos igual y cada vez peor.   

CPP. Lope Yupanqui Callegari

  

sábado, 11 de octubre de 2014

"Día de la Dignidad Nacional"

 Eco Andino  Revista de Cultura                     Lima, 9 de Octubre de 2014.


Un país para salir del subdesarrollo
tiene que ser dueño de sus riquezas naturales y
controlar los servicios públicos básicos

El 3 y 9 del presente mes de Octubre se ha recordado el 46º aniversario del inicio del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada presidido por el Gral. Div. Juan Velasco Alvarado y la declaración del “Día de la Dignidad Nacional”, tras la recuperación en acto soberano de los yacimientos petroleros de Talara. 
            Conocida el “Acta de Talara” del 12 de agosto de 1968 la Universidad Nacional de Ingeniería “convocó a una Mesa Redonda sobre la llamada solución a la que tanto el Gobierno como la International Petroleum Company afirman haber arribado.” El Rector de la Universidad y los invitados, en total coincidencia acordaron, el 6 de setiembre del mismo año, dar a conocer al país un pronunciamiento que al día siguiente publicó el diario “El Comercio”, con el título: “Por una auténtica reivindicación de La Brea y Pariñas”, en el cual se decía: “La toma de posesión de los yacimientos de La Brea y Pariñas no constituye, por sí sola, reivindicación. Lo que en la ceremonia de Talara se ha devuelto al Estado no es, por ningún concepto, lo que se le usurpó, sino yacimientos enormemente empobrecidos por decenas de años de explotación. Es, pues, imprescindible reivindicar también el valor de los productos ilícitamente extraídos.”
            En seguida se declaraba: “El contrato del 12 de agosto último entre el Gobierno y la IPC es absolutamente nulo… El pago en especie y la condonación de deudas al Estado son actos anticonstitucionales y, por tanto, nulos.” Luego, se sentenciaba, patrióticamente: “Es requisito para superar el subdesarrollo, es decir el estado de dominación, que un país sea efectivamente dueño de sus riquezas naturales y controle los servicios públicos básicos, entre los que se cuenta la energía. El Estado que renuncia a este control y a esa propiedad cabal, menoscaba su soberanía y pone en peligro sus fronteras económicas y territoriales. Con esa renuncia se afecta también, el deber y la potestad de dirigir plenamente los destinos de la patria y se incumple la exigencia ética de cautelar el futuro de las nuevas generaciones. El dejar, pues, el control del petróleo a la IPC constituye un atentado contra la seguridad y el bienestar de la Nación.”
            El Arq. Santiago Agurto Calvo, Dr. Alfonso Benavides Correa, Ing. Germán T. Gutiérrez Vargas, Ing. Carlos Malpica S. S., Dr. Alfonso Montesinos Montesinos, Ing. Fernando Noriega Calmet, Ing. Arturo Osorio Blanco, Dr. Ezequiel Ramírez Novoa, Gral. Div. Alfredo Rodríguez Martínez, Dr. Alberto Ruiz Eldredge, Dr. Mario Villarán Rivera y Sr. Augusto Zimmermann Zavala, firmaban el histórico pronunciamiento.
            El 3 de Octubre de 1968 una Junta Militar depuso al Presidente Fernando Belaúnde Terry y se instauró el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, y el 9 de Octubre siguiente, el Presidente de la República, Gral. Juan Velasco Alvarado, anunció al país: “Consecuente con los postulados de la Revolución y con la bandera de la Soberanía, Justicia y Dignidad Nacionales, izada al tope, el Gobierno Revolucionario anuncia al pueblo peruano, a los pueblos hermanos de América y del mundo entero, que el Perú ha dado el paso final para cerrar definitivamente y para siempre, el ignominioso capítulo de la historia de su petróleo… Culmina así el destino, que toda nación digna anhela en cumplimiento de uno de los más preciados dones de los pueblos: su Soberanía.”
            Así nació el “Día de la Dignidad Nacional”.

CPP. Lope Yupanqui Callegari                                       


El túnel Trasandino

¿Cuándo estará listo el Túnel Trasandino?

Estos últimos días hemos visto con asombro que la Carretera Central, desde La Oroya hasta San Mateo, ya no da más, los que utilizan esta ruta tienen que detener su marcha por largas horas o en su defecto avanzar muy lentamente, porque las lluvias de la temporada y los vehículos de carga pesada han hecho llegar a esta vía al colapso, urge entonces en el más breve plazo empezar la ejecución del Túnel Trasandino, porque se trata de una ruta que une la región central del país con la capital de la república, una importante zona que es la despensa de Lima.

El presidente de la región Pasco y coordinador de la gestión y ejecución del Túnel Trasandino, Kléver Meléndez Gamarra, declaró en entrevista publicada en el periódico “El Sol”, Huancayo, 24 de enero de 2012, que la ejecución de esta obra es apremiante. “Es inhumano –dijo- que centenares de transportistas y pasajeros tengan que pernoctar en las alturas de Ticlio, como lo ocurrido hace unos días.”

Preguntado por el entrevistador Saúl Cajahuanca, sobre los avances, dijo que se está elaborando el perfil técnico, luego se hará el estudio de factibilidad. El presidente Ollanta Humala tiene conocimiento que este proyecto es de prioridad e importancia nacional, estamos realizando los estudios y buscando el financiamiento, ya sea por inversión privada o pública. El tiempo de ejecución de la obra sería de dos años. Las distancias se acortarían significativamente: de Lima a La Oroya, dos horas; a Cerro de Pasco, 3.30 horas; a Huancayo, 4.15 horas; a Huancavelica, 5.45 horas.

El túnel tendrá una extensión de 31 kilómetros, teniendo su base en el sector de Río Blanco, entre los distritos de Chicla y San Mateo de Huánchor y culminará cerca de la balanza del MTC, en La Oroya. Será un túnel multimodal, esto es que no sólo servirá para el tránsito de vehículos, sino también se tenderá la línea férrea, además las aguas subterráneas serán captadas para beneficio de la región de la costa.

En cuanto al presupuesto se estima, dijo, una inversión de mil millones de nuevos soles, el presidente de la región Lima, Javier Alvarado, anunció apoyar con cinco millones de los trece millones que demandará el perfil y los estudios de factibilidad.

“… agradezco –manifestó Kléver Meléndez, en esa oportunidad-, la confianza de los 50 alcaldes integrantes de la Mancomunidad Municipal del Túnel Trasandino, quienes me nombraron coordinador de la gestión y ejecución del Túnel Trasandino, en ese sentido lo he asumido gustosamente, porque creo que haremos las gestiones al más alto nivel gracias a la amistad que me une con el presidente Ollanta Humala…”

Hay que recordarle entonces al presidente Ollanta Humala que la ejecución de esta obra es de suma urgencia, ya que el Túnel Trasandino ha sido considerado como de necesidad nacional y prioritaria por su importancia. Y no puede esperar, porque la carretera central ya colapsó.

Caso contrario, el gobierno central debe poner en operatividad alguna ruta alterna, por ejemplo la vía de penetración Lima-Cañete-Yauyos-Huancayo y de aquí a las demás ciudades del Centro del país. Esta vía es una alternativa a la carretera central por su distancia y menor altitud (4,600 m.s.n.m.), con respecto a Ticlio (4,818). En 1986 varios representantes de Lima y Junín presentaron en la Cámara de Diputados un proyecto de ley “para que se declare de necesidad pública la construcción de la carretera San Vicente de Cañete-Yauyos-Huancayo, por parte del gobierno central y las corporaciones de desarrollo de los mencionados departamentos.” Se decía también “que la habilitación de esta carretera cuenta con la opinión favorable del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, por intermedio de la oficina de desarrollo nacional del Ministerio de Guerra; del Instituto Nacional de Planificación; así como de los organismos particulares que disponen de recursos logísticos y técnicos para la ejecución de este proyecto.”

La construcción de esta carretera se inicia en 1920, cuando se da la Ley 4113 de Conscripción Vial, durante el gobierno de Augusto B. Leguía, y posteriormente continúan las juntas departamentales de obras públicas con la participación de las comunidades. Ahora se requiere que el Gobierno Central concluya esta vía, que en 1923 fue declarada por el Parlamento como “Carretera de Importancia Nacional la Vía de Penetración LIMA-CAÑETE-YAUYOS-HUANCAYO”.

En tiempos prehispánicos esta vía formaba parte del Qhapaq Ñan o Sistema Vial de los Incas que nacía en Cañete, lugar donde se encontraba la antigua fortaleza del Guarco y se prolongaba hacia Lunahuaná –entonces Incahuasi- y Yauyos para seguir hasta Jauja y de allí hacia Quito o empalmar con una troncal que iba al Cusco.

Ojalá, pues, que siendo política del Gobierno ejecutar las obras prioritarias, sobretodo  ahora que se avecina la renovación de los gobiernos regionales y que el proceso de regionalización toma nuevos bríos, sea resuelto de una vez por todas el problema de la Carretera Central.

Lima, 10 de setiembre de 2014.


CPP. Lope Yupanqui Callegari